En algún momento durante los próximos meses, podremos sacar una lista de los "ganadores y perdedores" de la temporada muerta. Cada año lo hacemos pese a que el historial de este tema es bien dudoso.

Hacemos esta lista a pesar de entender que ganar en enero no es lo mismo que ganar en octubre. Esa es una dura lección que varios clubes han debido aprender a través de los años.

Por ejemplo, en invierno pasado elogiamos rápidamente a los Marlins y los Angelinos por el gran talento que procuraron. El dominicano Albert Pujols y C.J. Wilson firmaron contratos que llegaron a un total de US$317 millones con Los Angeles, y ya estábamos listos para entregarles el trofeo de la Serie Mundial.

Miami llamó bastante la atención, invirtiendo US$201 millones en el manager venezolano Ozzie Guillén, el torpedero dominicano José Reyes, el cerrador Heath Bell y el abridor Mark Buehrle en cuestión de unos pocos días. Por eso muchos ya esperaban otro Clásico de Otoño en el Sur de la Florida.

Un año antes de eso, hicimos lo mismo con los Medias Rojas cuando lograron adquirir al mexicano Adirán González y a Carl Crawford por un total de US$296 millones.

En esos tres clubes vimos todo el talento y nos atrevimos a decir que ya tenían sus puestos en la postemporada. Pero vale la pena señalar que estábamos bastante equivocados.

Boston no llegó a los playoffs en el 2001. Tampoco Los Angeles en el 2012, ni Miami.

Nos fijamos mucho en las contrataciones que acapararon los titulares y nos olvidamos de que los rosters de un campeón no se hacen a la fuerza. Se arman con la idea de cómo encajan las piezas.

Claro que el talento es importante. El éxito siempre comienza con talento. Por ejemplo, el venezolano Pablo Sandoval, Matt Cain, Ryan Vogelsong y Buster Posey en los Gigantes.

Los Yankees no ganaron aquellos cuatro campeonatos a finales de los años 90 y principio de la década pasada solamente porque el panameño Mariano Rivera, Derek Jeter y Andy Pettitte fueran buenos compañeros. Claro, lo son y eso también es importante.

Los Angelinos, Marlins y Medias Rojas agregaron bases de talento en los últimos inviernos; por eso era fácil colocarlos en la gloria.

Sin embargo, los campeones tienen más que eso. Cuando observas a los Yankees, también reconoces lo que contribuyeron Scott Brosius, Chad Curtis, Jim Leyritz y otros peloteros que no acapararon los titulares.

Los campeonatos también se ganan con jugadores que entienden sus papeles, con peloteros que estén dispuestos a poner el éxito del club por encima de cualquier logro individual.

Antes de la campaña del 2012, no fueron muchos que se dieron cuenta del impacto que el puertorriqueño Angel Pagán causaría en San Francisco.

Los Gigantes ganaron porque contaron con un excelente núcleo de lanzadores y porque tuvieron estrellas en la parte gruesa de la alineación.

También se llevaron el título por factores menos obvios. Tuvieron a un futuro Salón de la Fama en la cueva.

Bruce Bochy tiene el don de hacer que sus jugadores vean y entiendan sus papeles. También puede ser el mejor a la hora de manejar un bullpen.

De igual manera, los Cardenales del 2011 triunfaron en gran parte por Pujols y Chris Carpenter. Pero también salieron campeones por Daniel Descalso, David Freese y Marc Rzepczynski.

Tengan en cuenta a Descalso y Rezepczynski en este invierno mientras los clubes inviertan en peloteros de renombre -- Michael Bourn, Josh Hamilton, Zack Grienke y B.J. Upton. Podemos elogiar a aquellos equipos por reforzarse. Muchos se atreverán a ya coronarlos.

Pero no se olviden de que un campeonato se gana con mucho más. Un campeón se forma con diferentes piezas que se juntan en el momento más indicado y de la manera correcta.

Muchos se olvidan de esa fórmula compleja al observar a los jugadores de alto perfil cambiar de uniforme. Mejoran a sus nuevos equipos, pero posiblemente no decidan un campeonato.