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ANAHEIM -- Josh Hamilton ha leído todo acerca del potencial peligro que le espera en esta zona del país, especialmente con todas las tentaciones que ofrece Los Angeles, la gran ciudad ubicada a escasos 45 minutos de Anaheim por carretera.

Hamilton se ríe de todo eso.

"Si uno quiere meterse en problemas", enfatizó Hamilton, "no importa en dónde estés. Si estas en Alaska, Hawaii, donde sea, si quieres hacer algo malo, lo haces y ya. Punto".

El jardinero de 31 años de edad se ha propuesto tomar el camino del bien día a día, pero para un hombre cuyos problemas de abuso de alcohol y drogas lo dejaron fuera del béisbol por 3 1/2 años, las cosas no son tan fáciles.

Esa es la razón principal por la que el valor de Hamilton en el mercado se vio tan limitado este invierno. El cañonero se tuvo que conformar con un contrato de cinco años, considerando que peloteros de su estatura - por decir, el dominicano Albert Pujols - pueden obtener hasta 10. Y es por eso que el pacto de los Angelinos por $125 millones con Hamilton es considerado como una apuesta.

No se debe a la serie de lesiones que lo limitaron a un promedio de 129 juegos en los cinco años que militó con los Rangers, ni tampoco a la profunda sequía que sufrió en la segunda mitad de la temporada pasada. Se debe, en muchas maneras, a que la vida entera de Hamilton - tanto en el terreno como fuera de éste - parece siempre pender de un hilo.

Un pequeño resbalón, y todo el progreso que ha obtenido desde que enderezó el barco en octubre del 2005 puede venirse abajo. Es por eso que sus dos pequeños incidentes relacionados con el alcohol, uno en enero del 2009 y el otro en 2012, no deben pasar desapercibidos.

Y es por eso que la palabra "estructura" es tan importante.

"Al igual que en todos lados, sin importar en qué lugar esté, necesito estructura", dijo Hamilton durante su conferencia de prensa el sábado. "En el receso de temporada, estar junto a mi familia, ir a la iglesia, hacer todas las cosas que necesito hacer para ser un mejor hombre y padre y esposo. Y durante la temporada, apegarme a la rutina de leer la Biblia y pasar el rato con mis compañeros y crear relaciones y toda esa rutina que uno tiene antes del juego de esa noche, y entender qué necesitas hacer y cómo cuidar tu cuerpo. Pero todo eso aplica sin importar en qué lugar esté".

El grupo de apoyo de Hamilton está integrado por su esposa, Katie, sus cuatro hijas -- Julia, Sierra, Michaela y Stella - y su socio y consejero, Shayne Kelley.

El arriesgado contrato que los Angelinos le dieron a Hamilton incluye una cláusula completa que prohíbe que el jugador sea canjeado a otro equipo y no ofrece un lenguaje especial que proteja a los Angelinos en caso de un desplome. Pero el equipo de Anaheim está protegido por la Política de Sustancias Prohibidas de Major League Baseball, la cual evita el pago de su salario a un pelotero bajo sospecha, es por eso que designaron a Kelley para estar siempre al lado de Hamilton.

Prácticamente, los Angelinos han depositado su fe en el toletero.

"Se ha apegado a una vida feliz junto a su familia y ha construido un grupo de apoyo a su alrededor que hasta ahora lo ha mantenido por el buen camino", manifestó el gerente general de los Angelinos, Jerry Dipoto. "Vamos a unirnos a ese desfile. Vamos a integrar a Josh a la familia de los Angelinos y darle el apoyo que necesite, y creo que ese apoyo será mutuo".

Del 2007 al 2011 - comenzando por el regreso triunfal de Hamilton al béisbol con los Rojos, luego su pase a Texas, y hasta el trofeo de Jugador Más Valioso que obtuvo en 2010 y su etiqueta de jugador de élite -- Johnny Narron siempre estuvo a su lado.

Narron, actualmente coach de bateo de los Cerveceros, vio a Hamilton crecer en Carolina del Norte, perdió contacto con él cuando una repentina adicción a las drogas y al alcohol lo alejó del mundo del béisbol del 2003 al 2006, luego reanudaron su relación cuando Hamilton finalmente se recuperó.

Cuando Cincinnati seleccionó a Hamilton en el draft de la Regla 5 en diciembre del 2006, el hermano de Narron, el entonces timonel de los Rojos Jerry Narron, lo trajo para que aconsejara a Hamilton.

Eso generó una relación de cinco años que los llevó hasta Texas y vio a Narron convertirse en una figura de padre, amigo, y en muchas maneras, chaperón de Hamilton. Dormía en el cuarto adjunto al del pelotero en cada hotel que visitaban en gira, monitoreaba la cantidad de dinero que traía en su cartera, llegó a establecer un lazo muy cercano con su familia, oraba a menudo junto a él y básicamente estaba disponible para Hamiltom las 24 horas del día.

"Ha trabajado extremadamente para ser el hombre, el esposo, el padre que el Señor quiere que sea", destacó Narron, quien admitió ponerse "muy sentimental" mientras observaba la conferencia de prensa de Hamilton el sábado en la cadena MLB Network.

"Ha pasado por esto antes. Esta será su séptima campaña en Grandes Ligas. Josh y Katie tienen una tremenda fe. El apoyo y la fe están ahí. Simplemente le diría a todos que lo ayuden, amen y sean positivos con él".

En febrero, un par de meses después de que Narron fue contratado por los Cerveceros y sólo unos días después de que Hamilton se disculpó públicamente por su segunda recaída, Kelley asumió ese rol en Texas, el cual continuará ahora en Anaheim.